miércoles, 29 de julio de 2015

Circuitos para la convergencia

Hasta que uno desarrolle los circuitos que se requieren, puede apoyarse operativamente en algo. Debemos prestar atención a que este apoyo, no genere adicciones, ni reemplace aquello que fluye,. Es decir, no tenemos que confundir un apoyo momentáneo, en un sustituto de lo que realmente es, y fluye.
La cuestión es que todavía no tenemos los suficientes circuitos para que transite aquel verdadero rayo en nuestra realidad. Lo que pasa, concretamente, es que esa fuerza, no está atada a las normas convencionales, y por ejemplo, puede hacer temblar el cuerpo, o las estructuras biológicas, o puede colapsar a nivel mental, como un tema más aéreo.
Podemos colapsar, pero también, podemos obedecer a las normas de comportamiento. Esto también produce el mismo anegamiento de aquella fuerza del ra-yo. Entonces, solo queda en RA, no llega a YO, a uno, y se pierde aquel potencial.
Podemos observar los circuitos como si fuera el sistema nervioso de una planta. No es mala idea observar crecer una planta, en el tiempo. Y ver como reacciona a las distintas circunstancias. El estímulo de un momento, se desarrolla luego en el tiempo. Entonces, la planta nos muestra la reacción que tiene ante el medio. Estrés, estímulos. De acuerdo a la lógica que va sintiendo, y se va expresando en el plano biológico, como decíamos, mucho más lentamente.
Volviendo al principio, entonces, una cuestión práctica es considerar primero reconocer dónde están mis fronteras. Esta es mi capacidad para detectar observadores, potencial que suele perderse, o sustituirse por el de “señalar observadores o otros”. Y así, no me observo, es decir, pierdo el potencial, como vimos. Entonces, es práctico saber que el mecanismo de defensa primario que tenemos, es creer que el otro tiene la culpa de lo que me sucede. Esa es la carencia de circuitos, que más o menos encontramos en este momento, lo que revela por cierto, una inmadurez espiritual que debemos admitir, para que RA llegue a RO, más allá de las vicisitudes o distorsiones del “plano operativo”. No es conveniente detenernos en estas circunstancias porque siempre cambian, y marcan dónde está nuestra percepción, es decir, nos señalan nuestras fronteras

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