Cuando realmente nos sentimos transparentes, vemos que todos formamos un mar de valencias que compartimos. Cuando soltamos la identidad, y ya no es una pertenencia, entonces, entramos en el mar, somos el mar. Somos el mar, cuando somos nadie.
El orden y el control congelan la percepción. El miedo a soltarlos, es como el miedo del bebe que empieza a caminar sólo. Esta es la imagen, o la actitud más natural que puedo ver en este momento. Me resulta muy operativo, saber que soy como un niño que empieza a caminar en el universo base 30. Por eso, me permito todos los errores, míos o que vea afuera, y de esa forma pueda aprender a moverme, como si comenzara desde cero.
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